Julianita, el ángel de los animalitos que murió haciendo lo que amaba


Juliana Macías León, la “Julianita” del Avelino, murió la madrugada del 27 de noviembre de 2025, atropellada por una combi cuando hacía lo que había hecho durante años: rescatar y alimentar a los animales que nadie veía. Intentaba sacar a unos gatitos de debajo del bypass de la plataforma Andrés Avelino Cáceres, en Arequipa, cuando el tránsito desordenado que ella conocía de memoria le jugó la peor pasada.
Tenía alrededor de 66 años, vivía con muy poco y, muchas veces, en la calle. Aun así, cada amanecer llegaba con costales de alimento que compraba con las monedas que ganaba vendiendo en la vía pública. Soportó insultos, humillaciones y que la corrieran una y otra vez del Avelino, pero nunca dejó de regresar: para los perritos, gatitos y palomas de la zona, ella era su única certeza de cariño y comida.
Tras su muerte, una tía y otros familiares aceptaron el apoyo de asociaciones animalistas para darle el adiós que merecía. Su velorio se realizó hoy 28 de noviembre, en el Velatorio Gutiérrez, en La Pampilla, donde llegaron decenas de rescatistas, vecinos y ciudadanos que alguna vez la vieron caminar con sus ollas y bolsas de croquetas. Entre los asistentes estuvo “Julito”, el último perrito al que Julianita logró salvar; una asociación lo llevó desde el albergue para que, simbólicamente, se despidiera de la mujer que le dio una segunda vida.
Su historia duele porque nos recuerda que una adulta mayor, pobre y muchas veces sola, sostuvo durante años lo que debería ser tarea de todos: cuidar a los más vulnerables. Julianita no tuvo cámaras ni cargos públicos; tuvo un corazón testarudo que se negó a mirar hacia otro lado. Murió como vivió: con los pies en la calle y el alma entregada a los animales sin voz.
Hoy, si alguna vez la viste en el Avelino o solo conociste su historia por redes, hay una forma real de honrarla: adoptar en vez de comprar, esterilizar, poner agua y comida afuera de casa, apoyar a los albergues, exigir orden y seguridad en las calles. Que la muerte de Julianita no se quede en un titular triste, sino en un cambio pequeño pero concreto en cada uno de nosotros.
Porque mientras haya un perrito o un gatito rescatado gracias a su ejemplo, Julianita seguirá viva en Arequipa. Y en cada ladrido agradecido, habrá un “gracias por todo” susurrado a su memoria.






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