Puno / La Paz — 27 de noviembre de 2025.

La discusión en torno a la autoría y la representación del folklore altiplánico volvió a desatar controversia entre Perú y Bolivia, luego de que la Organización Boliviana de Defensa y Difusión del Folklore (Obdefolk) emitiera un pronunciamiento rechazando la intención del Comité de Salvaguarda de la Festividad Virgen de la Candelaria de limitar o prohibir la participación de bandas bolivianas en la edición 2026 del evento.
La organización boliviana señaló que la propuesta constituye un acto de exclusión injustificada y advirtió que, de concretarse, considerará iniciar el cobro de regalías por composiciones, arreglos, vestuarios y coreografías que, según afirman, han sido replicados durante años por agrupaciones peruanas sin reconocimiento ni autorización.
Obdefolk acusó al Comité de “desconocer la contribución histórica de las bandas bolivianas en el fortalecimiento musical de la Candelaria”, y sostuvo que los intentos de exclusión surgen después de “haber tomado elementos artísticos bolivianos como si fueran propios”.
Obdefolk denuncia apropiación de vestuarios, música y coreografías
En declaraciones difundidas en medios y redes oficiales, los representantes de Obdefolk sostuvieron que diversos conjuntos peruanos habrían reproducido uniformes, estilos de interpretación musical y movimientos coreográficos que son característicos de comparsas de Oruro, La Paz y otras regiones bolivianas.
Uno de sus voceros afirmó que “la propuesta de prohibir bandas bolivianas resulta ofensiva, porque muchas agrupaciones de Puno han copiado uniformes, diseños de trajes y arreglos musicales producidos originalmente en Bolivia”. Otro dirigente señaló que la región puneña “se ha beneficiado del aporte musical boliviano durante décadas”, y añadió que “cuando callamos, se aprovechan; cuando reclamamos, nos quieren prohibir”.
Obdefolk también deslizó la posibilidad de que, si el conflicto escala, las bandas bolivianas establezcan mecanismos formales para registrar y cobrar el uso de repertorios y elementos visuales que consideran propios, abriendo un debate más amplio sobre la propiedad intelectual del folklore compartido.
El Comité de Salvaguarda estudia restricciones para 2026
La controversia inició cuando el Comité de Salvaguarda de la Festividad Virgen de la Candelaria —instancia encargada de preservar, normar y supervisar la celebración inscrita en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad— anunció que evaluará medidas para controlar o restringir la participación de bandas procedentes de Bolivia.
La propuesta surge en un contexto de tensiones recientes, marcadas por declaraciones cruzadas entre sectores culturales de ambos países sobre el origen de diversas expresiones, entre ellas la morenada, la diablada y los caporales. En Puno, algunos colectivos sostienen que la presencia masiva de bandas bolivianas reduce la visibilidad de los músicos locales y desnaturaliza el carácter regional de la festividad.
Si bien el comité no ha adoptado aún una decisión definitiva, sí confirmó que a finales de este mes emitirá una resolución que podría establecer un veto total, limitaciones selectivas o un sistema de permisos más estricto para agrupaciones extranjeras.
División interna en Puno frente a la medida
La posibilidad de prohibir bandas bolivianas ha generado opiniones encontradas dentro de Puno. Dirigentes de conjuntos puneños apoyan la iniciativa asegurando que fortalecerá la identidad local, fomentará el trabajo de los músicos regionales y reducirá la dependencia de bandas extranjeras. Argumentan, además, que Puno cuenta con suficiente capacidad artística para cubrir la demanda musical de la Candelaria sin recurrir a agrupaciones foráneas.
Sin embargo, otras voces peruanas recuerdan que la Candelaria ha sido históricamente un espacio de integración cultural entre ambas naciones, con un intercambio constante de músicos, artesanos y comparsas. Dicen temer que una prohibición total sea interpretada como un acto discriminatorio y pueda afectar la convivencia cultural y turística entre Puno y las regiones fronterizas de Bolivia.
Autoridades locales, por su parte, han pedido prudencia. Señalan que cualquier decisión debe basarse en criterios técnicos, logísticos y patrimoniales, evitando posiciones que puedan intensificar el conflicto o generar un impacto económico negativo en la festividad.
Propiedad intelectual en el folklore: un vacío difícil de resolver
El anuncio de Obdefolk sobre el eventual cobro de regalías introduce un elemento jurídico complejo. Aunque tanto Perú como Bolivia cuentan con leyes de derechos de autor, la aplicación concreta a danzas tradicionales, coreografías transmitidas de generación en generación y vestuarios colectivos sigue siendo un terreno poco regulado.
Para que existiera un sistema de cobro de regalías transfronterizas, sería necesario establecer registros formales, identificar autores individuales, documentar creaciones originales y sus variantes, y firmar acuerdos binacionales de reconocimiento mutuo. Especialistas coinciden en que gran parte del folklore andino pertenece a un acervo cultural compartido, lo que dificulta aplicar criterios de propiedad exclusiva.
No obstante, organizaciones como Obdefolk han insistido en los últimos años en la necesidad de establecer marcos legales que protejan la creación artística contemporánea derivada del folklore, especialmente arreglos musicales, diseños modernos de vestuario y coreografías estilizadas, donde sí podría existir autoría definida.
Un conflicto que trasciende fronteras
La rivalidad cultural entre Perú y Bolivia alrededor de la Candelaria no es nueva. En la última década, se han producido intercambios de acusaciones sobre la “apropiación” de danzas altiplánicas, declaraciones de autoridades culturales, protestas, campañas en redes sociales y tensiones diplomáticas en torno a la inscripción de expresiones folklóricas en organismos internacionales.
Para muchos pobladores del altiplano, sin embargo, el folklore no tiene fronteras: forma parte de una identidad regional compartida que se extiende desde Oruro hasta Puno y que históricamente ha convivido, mezclado estilos y generado expresiones híbridas que son parte inseparable de la vida cultural andina.
Expectativa por la decisión final
En los próximos días, el Comité de Salvaguarda deberá definir la ruta que seguirá la Candelaria 2026. Dependiendo de su determinación, se podría abrir una nueva etapa de tensiones o, por el contrario, un proceso de diálogo binacional que permita proteger la festividad sin romper los vínculos históricos entre músicos y danzantes de ambos países.
Obdefolk anticipó que mantendrá una campaña activa en defensa de lo que considera “la originalidad boliviana” del folklore altiplánico y que acompañará a las bandas afectadas en caso de que el veto se concrete.
Sea cual sea el desenlace, el debate ya trascendió lo artístico: se ha convertido en un símbolo de las complejas dinámicas culturales entre Perú y Bolivia, dos países unidos por una tradición común, pero enfrentados por la legitimidad de su origen.






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