Crónica: El horror en Azángaro — Cuando la violencia familiar rompe todo límite

Azángaro, Puno — Lo que inicialmente parecía una noche común en el jirón Ramón Castilla se convirtió en uno de los crímenes más atroces registrados en la historia reciente de la región. Una niña de 13 años, identificada como Génesis Zahori C. L., fue asesinada y descuartizada por su propio tío, Yony Cuno Larico, un músico de 28 años, en un acto que ha conmocionado no solo a la provincia sino a todo el país.

La discusión que desencadenó la tragedia

Según la investigación preliminar del Ministerio Público, el crimen ocurrió la noche del 29 de diciembre de 2025 en el domicilio familiar donde la adolescente residía. La fiscalía ha recolectado el testimonio del propio Cuno Larico, quien afirmó que la noche en cuestión la menor sostuvo una discusión con él, aparentemente defendiendo a su madre, quien es señalada por el agresor como responsable de conflictos que afectan a su familia.

En su declaración, el acusado relató que durante ese altercado la menor cayó de espalda y golpeó su cabeza contra el suelo de cemento. En lugar de pedir ayuda, dijo que esperó una hora hasta constatar que ella no reaccionaba.

Una decisión inhumana

Lejos de contactar a las autoridades o a los familiares, Cuno envolvió el cuerpo de Génesis en un saco negro y lo trasladó en un mototaxi hasta un cuarto que alquilaba en el jirón Sandia, aprovechando el bullicio de los ensayos de diablada para no llamar la atención.

A la mañana siguiente, salió a comprar herramientas: un arco, una sierra y dos baldes. Según consta en su declaración, procedió a desmembrar el cuerpo de la menor, separando las partes en recipientes distintos antes de intentar desaparecerlas por completo.

El intento por borrar huellas

Para deshacerse de los restos, el agresor utilizó el sistema de desagüe de su vivienda y el inodoro, ayudándose con agua para arrastrar fragmentos. También compró gasolina en un grifo cercano con la intención de eliminar olores y rastros que pudieran delatarlo.

En su testimonio ante el fiscal Edgar Coila Pilco, Cuno admitió que actuó movido por la ira y un deseo de venganza contra la madre de la víctima, a quien culpaba por problemas personales de su familia. Sin embargo, negó cualquier motivación de carácter sexual y aseguró que no había estado bajo efectos de alcohol o drogas al momento de los hechos.

Investigación forense y evidencias

La fiscalía, en colaboración con el Área de Investigación Criminal (Areincri) de Azángaro, ha llevado a cabo diligencias urgentes para recolectar evidencia. Entre los hallazgos se encuentran herramientas cortantes incautadas en el cuarto del imputado y el empleo de pruebas de luminol y análisis de ADN en las viviendas vinculadas al caso. Cámaras de seguridad captaron al sospechoso cargando grandes bolsas la noche de los hechos, un elemento clave que ha reforzado la investigación.

Reacciones sociales y exigencia de justicia

El suceso ha provocado una ola de indignación en la población de Azángaro. Durante el funeral de Génesis, cientos de vecinos se congregaron para despedirla entre lágrimas y pedir sanciones ejemplares contra el responsable. Madres de familia, líderes comunitarios y organizaciones locales han exigido que el crimen no quede impune y que se esclarezcan todas las circunstancias que rodean esta tragedia.

El proceso judicial

El Juzgado Penal de Azángaro ha dictado detención preliminar contra Yony Cuno Larico por un período de hasta 72 horas, mientras la Fiscalía trabaja para formalizar la acusación, probablemente bajo la figura de feminicidio agravado. En ese lapso, la investigación debe consolidar las pruebas necesarias para sustentar una imputación sólida que resista los futuros retos del proceso penal.

El drama detrás del crimen

Familiares de Génesis han manifestado que el conflicto entre las partes podría estar relacionado con viejas disputas por un lote y presuntos perjuicios económicos, aunque la fiscalía no descarta ni confirma esta línea como el móvil principal. Mientras tanto, la comunidad exige respuestas claras sobre cómo un acto de violencia tan extrema pudo ocurrir en un entorno familiar.


Conclusión

El caso de Génesis Zahori es un recordatorio doloroso de los extremos a los que puede llegar la violencia familiar y la fragilidad de la vida cuando falta diálogo y justicia. La investigación que se desarrolla en Azángaro no solo buscará sancionar al responsable, sino también entender cómo fallas sociales, comunicativas y psicológicas pueden desembocar en hechos de una crueldad inaceptable.